“Coca-colalómanos” Anónimos

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No recuerdo cuándo tomé Coca-Cola por primera vez, lo que sí recuerdo fue que primero me fueron dando refrescos de sabores, naranja  y manzana principalmente, argumentando que la Coca-Cola era mala para los niños. Sin embargo, era permitido tomar poquita, el asiento del vasito para no quedarse con las ganas.

Las fiestas y cumpleaños eran excelente pretexto para tomar refrescos acompañados de pastel. Sentía el tronar de las burbujas en la lengua y paladar, el gas del refresco, sensación nueva y sabor diferente.

¿A qué sabe la Coca-Cola? No lo sé realmente, es dulce. En sus inicios la fórmula de ésta eran los ingredientes para hacer un jarabe para la tos; tal vez la casualidad y el atrevimiento de alguien para gasificar ese jarabe, parecería una locura, y ahora es una industria millonaria. Con una publicidad que tiene tras de sí, lemas como “La chispa de la vida” y entonando himnos de paz y hermandad en el mundo, así como la unión familiar.

Aun así, millones de personas enfermas acusan directamente a esta bebida de sus males, como la diabetes, por las altísimas cantidades de azúcar, o riñones maltrechos por ingredientes de su fórmula. ¿Será cierto esto? Y si lo es, ¿por qué no podemos dejar de tomarla?

Existe la creencia de que contiene pequeñas porciones de cocaína…

Bien, esto nos haría automáticamente adictos y dependientes, en pequeña escala, pero dependientes. Es solo especulación, sin embargo, la Coca-Cola nos pone al cien, es energética. Ahí tenemos al albañil que trabaja duro bajo el rayo del Sol con cargas de trabajo pesado, coma o no, sí toma su buena dosis de Coca-Cola, aguanta la jornada porque aguanta. También es cierto que si un chofer de cualquier trasporte que tiene que recorrer largos trayectos, principalmente de noche, recurre a la pócima de la Coca-Cola combinada con café y a veces pastillas, como la cafiaspirina. Este coctel es un ¡BUM!, no le permite dormirse al volante, es decir, está alerta.

Incluso se dice que la Coca-Cola descalcifica nuestros huesos y dientes. Es un poderoso limpiador   y corrosivo si lo usamos para quitar el sarro que se forma en la tazas de baño; déjala remojando y listo, blanca otra vez. También los rescatistas o brigadas de emergencia utilizan galones de Coca-Cola para remover manchas de sangre en el pavimento, cuando hay algún percance o accidente carretero. Está comprobado que es corrosivo.

El comercial nos canta al oído que los mejores momentos de la vida son al lado de una Coca-Cola, viendo el fut, comiendo en familia, en el cine con las palomitas, echándose unos taquitos con su abundante salsa verde, y no puede faltar el mole y Coca-Cola en las bodas. Esta bebida está presente en la mesa de todas las clases sociales. La Coca-Cola es distribuida por todo el mundo, y puede llegar a lugares recónditos y supuestamente inaccesibles.

También sirve de trueque o moneda de cambio: “Ahí me das pa’ las cocas”. La usamos como una forma para dar propina por un pequeño servicio prestado. Y como un reconocimiento y acercamiento amistoso, si compartes el refresco eres parte de la tribu.

Hay quienes juran que en su botella de Coca-Cola les salió un pedazo de dedo, dientes, carne, trapo, clavos, ratón, o más cosas raras. Si uno escucha esto se asquea por un tiempo, pero después lo olvida y no pasó nada. Y otra vez a disfrutarla con hielitos y burbujeante.

La Coca-Cola es incluso tema de conflicto religioso; en algunas religiones está prohibido su consumo, ahí tenemos a testigos o mormones. Incluso hay mitos que circulan como si fueran verdades, mas nunca comprobados. Una de estas historias cuenta que el gran éxito de la Coca-Cola radica en el hecho de que los creadores de ésta hicieron un pacto secreto con el diablo y que le ofrendan sacrificios humanos y llegan a atreverse a decir que se vierte sangre en ella.

Lo que si es cierto en la práctica es que funciona muy bien tomarla si a alguien le baja la presión, para que no se desmaye, y también a los que abruptamente se les baja el azúcar.

Hay intereses millonarios detrás de la Coca-Cola; mucho dinero se mueve dentro de este gran imperio. Personas tan influyentes como el expresidente Fox han trabajado para esta empresa. Así no debe extrañarnos que le sigan concediendo las mayores facilidades y licencias para circular libre por todas partes. La obesidad y la diabetes actualmente son el pan de cada día en México; la Coca-Cola alimenta directamente el desarrollo de estas enfermedades de la población. Porque circula sin ningún aviso en su etiqueta que diga que es un producto nocivo para la salud, que debe ser tomado con medida; la etiqueta debería traer la leyenda: “Este producto es causa de diabetes y enfermedades relacionadas con los riñones, vías urinarias y la descalcificación, entre otros”. Cuánta gente, directa o indirectamente, muere a causa del consumo cotidiano de la Coca-Cola. ¿A quién se demanda? ¿A la señora de la tiendita que la vende? ¿Al camión que la transporta? ¿A la refresquera o al gobierno? No sabemos quién paga el daño y lo que es peor, cómo lo compruebas. La Coca-Cola es ya parte de la vida cotidiana y tomarla o no, es nuestra decisión; sin embargo, somos blancos de un bombardeo publicitario despiadado y, hay que reconocer que es una de las tácticas publicitarias más brillantes que existen. Es sumamente atractiva la publicidad de Coca-Cola, lo que no cuadra es que deportistas como el Chicharito u otros personajes y artistas se presten para estas campañas. Regreso a lo mismo, no la tomes si no quieres, lo entiendo, pero ojo con esto… Ya estamos condicionados, casi programados para consumirla, tenemos un amaestramiento, casi cual ratones de laboratorio. Es cierto que la publicidad mueve a las grandes masas, este refresco es un gran ejemplo de ello; lo muestran y promueven de manera extraordinaria, en todo tipo de tamaños y precios. Hay quienes sí pueden dejar de tomarla y otros que no podemos, o que no queremos. ¿Qué hacer al respecto? Estamos convertidos en cocacolalómanos, adictos al refresco, consumidores asiduos.

-Hola soy Julio y soy “cocacolalómano”-

-¡Holaaa Juliooooo!…-

¿Habrá llegado el momento de tener clínicas y grupos de desintoxicación y prevención contra la Coca-Cola? Pero bueno, escribir todo esto me ha dado sed, permiso voy a tomarme una coquita.

Por Julio Wong Ortega

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